Real e Ilustre Congregación
de Nuestra Señora de los Ángeles
Constituida en 1817

Crónica sobre la visita a Cuéllar

Atraídos por el formidable éxito de la preciosa exposición de arte religioso de Las Edades del Hombre en la ciudad de Cuellar, un grupo de amigos pertenecientes a la Congregación de Nuestra Señora de los Ángeles, decidieron fletar un autobús, por su propia cuenta, e ir a visitarla. Ya tenían conocimiento, a través de la prensa y de algunos conocidos que la habían visitado, hacía poco tiempo, que merecía la pena.

Habíamos quedado a las nueve de la mañana, en la plaza de la Magdalena, y en un par de horas ya estábamos en Cuellar. Para los que no la conocíamos, la ciudad se muestra ante nuestros ojos, antigua y moderna al mismo tiempo, con gran cantidad de casas solariegas y edificios actuales, vieja pero bien cuidada. Ciudad alta y ciudad baja. Murallas por aquí y por allá, un gran castillo, e iglesias que van a mostrarnos la exposición que hemos venido a ver y que en esta ocasión lleva por título “Reconciliare”. No nos perdemos, los carteles anunciadores indicaban con claridad la ubicación de los lugares que íbamos a visitar en esta admirable villa castellana medieval.

Tres son las iglesias que albergan las obras de arte religioso, pertenecientes a la ruta de Las Edades del Hombre: La Iglesia de San Andrés, la Iglesia de San Martín y la Iglesia de San Esteban. Las visitamos en ese preciso orden.

En la Iglesia de San Andrés, construida allá por el siglo XIII, exteriormente se aprecian los rasgos del estilo mudéjar, con los rojos ladrillos colocados de diversas posturas. En su interior, adaptado con paneles entre los que se nos muestra el primer capítulo de la exposición, encontramos esculturas y cuadros que nos relatan desde la creación del mundo, con Adán y Eva en  el Paraíso terrenal, hasta Abraham. Dios Padre, en su infinita misericordia quiere, desde el pecado original, reconciliarse con el hombre a pesar de sus faltas y pecados que le atrapan en el mal.

En la Iglesia de San Martín, se nos muestran los capítulos segundo y tercero. Construida en el siglo XII y declarada como monumento nacional en 1931, todavía conserva en su interior pinturas murales y yeserías de estilo mudéjar. El tema religioso del segundo capítulo contempla la relación entre Dios y el pueblo de Israel. Y en el tercero “de Ayer a Hoy” se representa la reconciliación conseguida por Jesucristo, con su nacimiento y su muerte de Cruz, trasladando este concepto hasta la actualidad, en el que vemos las calamidades, la miseria, el hambre y la injusticia social apoderándose de nuestro mundo. A la salida encontramos la tienda de recuerdos y alguna editorial.

En la Iglesia de San Esteban, construida en el siglo XII y declarada bien de interés cultural en 1931, se nos muestra el cuarto y último capítulo de la exposición, bajo el título de “Semper-Siempre” en el que Dios, siempre misericordioso, nos invita a una reconciliación con la Iglesia. Aquí llama poderosamente la atención una preciosa escultura, en la que San Antonio y San Francisco aparecen en actitud de abrazarse.

En la visita a esta última iglesia tuvimos una desagradable experiencia, debido a la incorrecta llamada de atención por parte de la vigilante de seguridad. Resulta, que desde que llegamos a la Iglesia de San Andrés y durante las visitas en esta iglesia y en la de San Martín, uno de los integrantes del grupo (licenciado en Historia del Arte) nos estuvo explicando, con todo lujo de detalles, tanto las circustancias históricas de la ciudad, como las de contenido religioso de la exposición. Dos verdaderas lecciónes de historia y de catequesis, ambas realmente interesantes. Pues la buena señora nos dijo que las normas no permitían a ninguna persona, que no fuera guia oficial, facilitar explicaciones de los contenidos de las iglesias. Le presentamos educadamente nuestras quejas, así como al encargado de la puerta y nos marchamos disgustados de esta iglesia, sin poder apenas disfrutar del último capítulo. Una mancha en la excursión.

Como quiera que nos encontrábamos en la parte alta de la ciudad, pues cuestas abajo y calles abajo, hasta llegar a la plaza mayor y girando a la izquierda por la calle de la Cruz, hasta el parque de San Francisco. Y dando la vuelta a las muy bien conservadas ruinas del llamado convento del mismo santo, estábamos en el parking de autobuses.

Autovía 601, kilómetro 57, rotonda, y a la derecha el restaurante Florida. Una excelente ubicación, con una buena y cuidada vegetación formando un bonito jardín. Don Luis Senovilla y las dos hermanas, María Jesús y María Teresa, que siempre le acompañan, nos estaban esperando para comer. Tuvimos el gusto de invitarles, pues como es sabido “a escote no hay nada caro”. Se había anticipado una reserva y dos grandes mesas en una terraza perfectamente acondicionada, nos estaban esperando para degustar un buen menú: para empezar una refrescante salsa de tomate, después unos entrantes clásicos de jamón, lomo, chorizo y salchichon, a continuación una ensalada sobre la mesa y aparece el deseado plato principal: una ternasco asado en horno de leña, acompañado por un tinto tempranillo de la ribera del duero. Y de postre, tarta de queso con una bola de helado de achicoria ¡qué decir! pues nada, que estaba muy rico todo.

Nuevamente al autobús, ahora satisfechos por laingestión de buenas viandas, nos dirigíamos a visitar el santuario de la Virgen del Henar. Está allá en lo alto, en medio de un bosquecillo de frondoso arbolado (que mucho nos recordaba a nuestro querido Cerro de los Ángeles). En esos momentos en la ermita de los carmelitas descalzos, se estaba oficiando la misa vespertina del sábado, valedera para el domingo. Un rezo a la Virgen del Henar, flanqueada por las imágenes de san Pedro y san Pablo, entre unas columnas de color verdoso, parecidas a las de la iglesia de los PP Escolapios de Getafe, así como, en lo más alto, también las letras griegas del anagrama de María, Virgen y Madre.

Bajamos al centro de la población, con la sana intención de comprar unos dulces típicos de Cuellar. Y así lo hicimos, unos surtidos de pastas y los pequeños ladrillos rellenos de pasta de piñones (los más típicos del lugar). Al pasar por el parque de san Francisco, pudimos ver una demostración de la obtención de la resina en los pinos.

Y se acabó. Al autobús y cantando, caminito a nuestro Getafe. Una bonita excursión.

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